El libro recomendado de la semana… “Manu, el cielo con las manos”

13 11 2009

Manu, uno de los mejores de la historia del deporte nacional.

          Manu, el cielo con las manos fue escrito por el periodista Daniel Frescó y es una biografía de Emanuel Ginóbili, el basquetbolista argentino considerado popularmente como el mejor de todos los tiempos en la historia del país. El libro fue editado en 2005 y describe la vida del protagonista desde su infancia en su Bahía Blanca natal hasta la obtención de la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.

La biografía está dividida en ocho capítulos, los cuales fueron titulados con la altura que tenía Ginóbili al comienzo de cada una de las etapas de su desarrollo físico, basquetbolístico y humano. El contenido del libro refleja el punto de vista del autor, pero no cuenta con la aprobación expresa del personaje en cuestión.

A lo largo del texto, Frescó cuenta los datos cronológicos importantes, pero  a su vez, va resaltando una serie de circunstancias, valores y actitudes que, según él, hicieron llegar al protagonista a ser lo que es hoy. Mediante una redacción sencilla, el autor logra una completa y emotiva narración del crecimiento profesional y personal del máximo ídolo de la pelota naranja.

Por Pablo Gallardo

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Nocioni, un corazón de oro

16 09 2009

 

El "Chapu", un símbolo de la generación dorada del básquetbol argentino.

El "Chapu", un símbolo de la generación dorada del básquetbol argentino.

“Volvería a jugar lesionado, porque no todos los días se pelea por una medalla para el país”. Andrés Nocioni no se arrepiente de haber arriesgado su físico en el partido por la presea de bronce disputado contra Lituania, en los últimos Juegos Olímpicos de Beijing 2008.

     Sus 201 centímetros y sus 102 kilos, sumados a su mentalidad ganadora, hacen del “Chapu” un rival temible para cualquiera que lo enfrente en una cancha. Su tez blanca, su pelo claro y su voz apacible hacen pensar que se trata de un peón de algún campo de su Santa Fe natal. Sin embargo, la actitud y la potencia puestas al servicio del equipo, lo convierten en un verdadero guerrero del básquetbol.

     Es el segundo hijo de José Nocioni y Ángela Palmira Roux y vivió en la ciudad de Gálvez desde que tenía un mes de vida. Allí fue donde comenzó a practicar el deporte que lo llevaría a ser reconocido mundialmente.

     Cuando tenía 15 años, Nocioni representaba el equipo juvenil del club Unión de Santo Tomé. León Najnudel, creador de la Liga Nacional, fue a verlo jugar y sólo observó la entrada en calor y los primeros 5 minutos del encuentro. “En el precalentamiento vi que volcaba la pelota de manera impresionante y con la facilidad de un americano. Eso me bastó”, confesó años más tarde el ex director técnico.

     Luego de sus inicios en Racing Club de Avellaneda, el “Chapu” pasó por Olimpia de Venado Tuerto, Independiente de General Pico, Ricoh Manresa de la segunda división de España y Tau Cerámica de la máxima categoría del básquetbol español, en donde obtuvo la Copa del Rey en 2002 y 2004 y las Ligas 2001/02 y 2003/04, en la que fue elegido como “Jugador más valioso”. Finalmente llegó a la NBA contratado por Chicago Bulls. Luego de cuatro temporadas y media, fue transferido a Sacramento Kings, su actual equipo.

Con la selección argentina consiguió el segundo puesto en el Mundial de Indianápolis 2002 y la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y la de bronce en Beijing 2008, como logros más destacables.

     “No podremos reemplazarlo y no tendríamos que molestarnos en buscar un jugador similar porque no existe alguien con su fuerza, talento y carácter”, manifestó Dusko Ivanovic, su entrenador en Tau Cerámica, cuando el “Chapu” partió. Quien lo dirigió durante cinco años resumió con esa frase lo que es Andrés Nocioni. Para el mundo, un basquetbolista con habilidad y potencia. Para los argentinos, uno de los deportistas con más agallas. Un corazón de oro.

 

Por Pablo Gallardo





Argentina, otra vez en el podio

7 09 2009
El plantel argentino con la satisfacción del deber cumplido.

El plantel argentino con la satisfacción del deber cumplido.

La selección argentina de básquetbol logró meterse nuevamente en el podio de una competencia internacional. Esta vez consiguió el tercer puesto en el torneo Premundial, jugado en San Juan de Puerto Rico. No es casualidad que el equipo nacional siga con su andar exitoso en cada campeonato en el que participa, porque aunque los nombres cambien, la identidad de juego no se modifica.

Ya hace diez años que el conjunto albiceleste mantiene el mismo estilo, independientemente de quiénes entren a la cancha. El juego de equipo por sobre las individualidades, la buena defensa como base para obtener un resultado favorable, el sacrificio y la humildad para enfrentar cada encuentro como si fuera la final de los Juegos Olímpicos son inalterables. Con esta fórmula, el seleccionado no baja del cuarto lugar en cada competencia que juega desde 1999.

En esta ocasión hubo problemas en la preparación y el nivel del equipo no apareció en los primeros partidos. Sin embargo, la actitud y la mentalidad ganadora nunca faltaron. Además, se notó que los jugadores fueron tocados en su orgullo. Luego de arrancar el torneo con dos derrotas y cuando la mayoría los daba por muertos, reaccionaron en el momento justo. Cuando la situación era límite, apareció el equipo y se hilaron cinco victorias consecutivas.

Más allá del buen funcionamiento como conjunto, hay que destacar a Luis Scola, líder argentino y goleador del Premundial, Pablo Prigioni, excelente conductor y máximo asistidor de la competencia y Federico Kammerichs, de notable aporte en defensa y mejor porcentaje en tiros de tres puntos del torneo.

Para el año que viene se espera que vuelvan al seleccionado Emanuel Ginóbili, Fabricio Oberto, Andrés Nocioni, Carlos Delfino y hasta Walter Herrman. Igualmente, hay que ir acostumbrándose a despedir a los jugadores de la generación dorada y tener paciencia para que se produzca el recambio lógico. Si la filosofía y el compromiso de mantienen, Argentina permanecerá en los primeros planos del básquetbol mundial por muchos años más.

Por Pablo Gallardo