Un estadio no te gana partidos

7 09 2009
Gigante de Arroyito

Gigante de Arroyito

Se cambió la cancha de River Plate porque supuestamente era un lugar frío, que no transmitía aliento y, además, por el pedido de los jugadores argentinos que argumentaban que ese escenario no estaba en condiciones adecuadas para alojar al seleccionado nacional de fútbol.  Se fue a Rosario, más precisamente al estadio de Rosario Central, en el cual se invirtieron cerca de 800 mil pesos para que la gente pudiera estar más cómoda. Sin embargo, no se pensó en que cabrían 20 mil espectadores menos y, tampoco se advirtió que cerca de 4 mil fanáticos iban a quedarse afuera teniendo su entrada en mano para ingresar al esperado partido. “El público les hará sentir la presión”, señalaban las voces partidarias de este traspaso de sede  para el encuentro decisivo ante Brasil.

Todo era a base de un concepto emocional de empuje y de aliento. “Los brasileños van a arrugar con la presión que les va a meter la hinchada”, manifestaban los más crédulos de una victoria casi hecha. Sin embargo, ante un equipo que no demostró seguridad, confianza y orden en sus líneas, el público fue rehén de un silencio atroz. Se debió haber pensado en que el cambio de escenario era un hecho menor y no en relativizarlo como una cuestión decisiva para el ansiado triunfo. Se tuvo que haber copiado al conjunto brasileño, que vino preparado para jugar un partido, sin pensar en si el público los iba a desmoralizar e influir negativamente  en su juego.

No hay excusas: el público te puede alentar o no en cualquier cancha, pero los protagonistas de los resultados son los jugadores. La verdad es clara: un estadio te puede acompañar y vitorear, pero no te gana los partidos.

                                                                                                                                                                            Por  Maximiliano Espejo

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