El Príncipe de la banda riverplatense

8 09 2009
Enzo Francescoli

Enzo Francescoli

“Allá en Montevideo, la imagen que tenía de River era la de un club muy grande con jugadores de excelencia. Yo me sentía intrigado con todo eso y resulta que me encuentro con muchachos macanudos, que se abren a la amistad”, comentó Enzo Francescoli en su llegada a River Plate. Néstor Raúl Gorosito, compañero de Enzo en el equipo millonario, expresó: “Por su carácter, su forma de ser, muchas veces quedaba apartado, solitario, pero siempre alguno se acercaba para bromear o conversar con él”.

Nació el 12 de noviembre de 1961 en el barrio de Capurro, en Montevideo, capital de la República de Uruguay. Su padre, Ernesto Francescoli, que también sentía al fútbol como una pasión e hincha de Peñarol, y su madre, Olga Uriarte, recuerdan  una  anécdota  muy  particular: “Un miércoles fuimos al Colegio porque había una entrega de premios. Enzo no había podido ir porque estaba en cama, con bastante fiebre. “No se hagan problemas”, nos dijo el cura, para  después agregar: “que se cuide bien”. Si es necesario, que falte el jueves y el viernes, no hay problema. Lo único importante es que se recupere para el sábado, que tenemos que jugar un partido decisivo”. Enzo, con apenas 10 años, ya era pedido por todos en el barrio por su gran talento futbolístico.

Debutó en primera el 9 de marzo de 1980 en el club Montevideo Wanders, en el cual hizo todas las inferiores. La utilera del club en ese entonces era una mujer llamada Gloria revive que “Enzo era un botija muy serio y muy flaquito, sí  muy  flaquito.   Los  chicos  le  decían carretilla, porque tenía la cara alargada…”.

Enzo, hincha fanático de Peñarol, fue apodado “el Príncipe”, ocurrencia del relator Víctor Hugo Morales. “El apodo le caía justo al hombre algo melancólico, tristón  y  con  un  andar  verdaderamente principesco”, recuerda el también uruguayo.

Luego de Wanders jugó en River Plate entre 1983 -1986. Después hizo su paso por Francia en el Racing de Matra y el Olympique de Marsella entre los años 1986 -1990. Más tarde se fue a dos clubes italianos, al Cagliari y al Torino entre 1990 – 1994. En 1994 volvió a su querido River para terminar su carrera futbolística en 1997.

Seguramente fue el último gran ídolo de la hinchada millonaria. Un crack adentro y fuera de la cancha que sin dudas marcó una generación de hinchas millonarios.

Por Adrián García Rodríguez