La magia que no se olvidará jamás

10 11 2009

Guille Coria

Ahí va Guillermo Coria, el “Mago”, como se lo conoce públicamente. Entra en la cancha con su raquetero cargado sobre la espalda, su gorra blanca hacia atrás y con el conjunto deportivo adecuado para comenzar a jugar. Dueño de un porte físico increíble, de pelo semi-largo y de un caminar acelerado, ingresa en el court envuelto en una ovación por parte del público que sólo quiere verlo jugar para deleitarse con sus grandes habilidades tenísticas. La descripción no puede ser mejor. A meses de su retiro, la magia y el talento que derrochaba cada vez que tomaba una raqueta aún se extrañan.

Guillermo Sebastián Coria nació un 13 de enero de 1982 en la ciudad de Rufino, provincia de Santa Fe. Es el hijo mayor de los tres que tuvieran Oscar y Graciela, y tiene dos hermanos, Román y Federico con los cuales se lleva muy bien. “Es un tipo fenomenal, una persona bárbara en todo sentido”, comenta Federico. Su padre, quien le enseñó a jugar al tenis desde muy pequeño, señala: “Guille pasaba varias horas peloteando en el frontón y a veces se metía en una cancha para que alguien le tirara pelotitas”. “Mi papá es profesor de tenis y él me puso Guillermo por Vilas, además, me puso la raqueta como juguete desde que era chiquito”, confiesa el “Mago”, quien entre otras cosas admite tener de ídolo a Andre Agassi, el extraordinario tenista estadounidense.

A los 19 años el santafesino anhelaba un futuro lleno de logros para su carrera, al respecto declaraba: “Mis principales metas como jugador profesional, a corto plazo, son jugar la Copa Davis y finalizar esta temporada dentro de los mejores 25 tenistas del mundo”. Y agregaba: “Además me propongo ganar Roland Garros algún día    y llegar a ser número uno del mundo”.

Coria se destacó en juveniles y fue campeón de Roland Garros junior en 1999 tras vencer a David Nalbandian en la final. En 2001 sufrió una suspensión de siete meses luego de haber dado positivo con la sustancia nandrolona, tras un control antidoping en Barcelona. Se casó en 2003 con su novia de la infancia, Carla Francovigh, y estuvo a un paso de cumplir su sueño de ganar el abierto parisino entre los mayores, allá por 2004, cuando en la final del torneo perdió un partido insólito ante Gastón Gaudio. Aquella dura derrota fue un mazazo del que nunca se pudo recuperar.

El 3 de mayo de 2004 y a semanas de que hiciera su presentación en Roland Garros, Guillermo Coria logró lo que ningún otro tenista argentino, desde Vilas o Clerc, había podido conseguir hasta el momento: Ser número tres del mundo.

En total obtuvo nueve títulos en su carrera, entre ellos los Masters Series de Hamburgo en 2003 y Monte Carlo en 2004. Participó en tres ocasiones del Torneo de Maestros que se realiza todos los años y en el cual participan los ocho mejores tenistas de la temporada. Además posee un record de 218 partidos ganados y 114 perdidos en toda su carrera.

Lesiones, desconfianza y falta de motivación llevaron a Coria a tener que tomar la dura decisión de despedirse del tenis. Fue así que el 28 de abril de 2009, a los 27 años, comunicó a través de una conferencia que abandonaba definitivamente su profesión. Sus palabras fueron: “Estoy contento con todo lo que hice, pero ya no estaba disfrutando, así que de nada servía que siga”.

De este modo la magia se acababa y el mundo del tenis se despedía de uno de los jugadores más talentosos que pudo haber existido.

          Quedó a un paso de la gloria

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Era la única vez en la historia que se enfrentaban dos tenistas argentinos en la definición de un Grand Slam. Aquél fatídico, insólito e inolvidable partido para Guillermo Coria ocurrió el 6 de junio de 2004. Tras ir aventajando a su rival, Gastón Gaudio, por dos sets a cero, el santafecino perdió el control del encuentro y lo terminó perdiendo más por errores suyos que por aciertos del rival.

Coria ganaba 6-0 y 6-3 en los dos primeros parciales, pero molestias físicas, desconcentración, nervios y una levantada en el juego de Gaudio hicieron que al Mago se le escape la oportunidad de ganar por primera vez Roland Garros. Incluso tuvo dos match points en el quinto y último set pero no aprovechó las chances y lo pagó con la derrota.

Tras el partido y con sus ojos achinados por el llanto, el por entonces n° 3 del ranking mundial se acercó a brindar la conferencia de prensa para los periodistas allí presentes. En la misma declaró: “La derrota de hoy me hará más fuerte para seguir adelante, no pienso bajar los brazos”.

Por otra parte señaló que la caída le dolió muchísimo porque le había prometido a su familia, después de la suspensión por doping que sufrió en 2001, que iba a demostrarles que era un gran jugador ganando Roland Garros. Al respecto y con lágrimas en los ojos, declaró: “Me duele muchísimo haberles fallado”. Por último dejó en claro: “Voy a seguir adelante, ganando y peleándola porque tengo huevos, que nadie tenga dudas de eso”.

                                                                                                                                                                                            Pablo Maycock