La noche en que el Madison Square Garden vibró con “Sugar” Robinson y el “zurdo” Lausse (ficción)

26 09 2009

 

Una pelea que pudo haber cambiado la historia del boxeo argentino

Una pelea que pudo haber cambiado la historia del boxeo argentino

25 de enero de 1956. Una lluvia incesante, acompañada de un frío atroz, ha invadido la ciudad de Nueva York, en Estados Unidos. A pesar de ese clima tan desfavorable, más de 25 mil personas se han acercado al estadio Madison Square Garden para presenciar el combate que afrontará Ray “Sugar” Robinson, actual campeón mundial de peso mediano, contra el argentino Eduardo “K.O” Lausse. Esta será la primera vez que Robinson ponga en juego su título, el cual fue conseguido ante  Carl “Bobo” Olson. Por otra parte, luego de varias negociaciones, el “zurdo” Lausse ha podido arribar a una chance mundialista. En su haber se encuentran las grandes victorias frente a Ralph “Tiger” Jones y Gene Fullmer. 

El primer contendiente que aparece en el “campo de batalla” es Lausse, con un rostro de absoluta concentración. La mayoría del público se burla del sudamericano. Además, lo abuchean e insultan. Sólo unos pocos se muestran cautos. Seguramente, sabrán que el púgil argentino es un rival de temer y, por lo cual, hay que evidenciar respeto. Unos segundos más tarde, Robinson, vestido con una capa roja, se hace presente en el cuadrilátero. Saluda a su público, con el puño en alto y danza a lo largo y ancho del ring. Luego de la interpretación de los respectivos himnos nacionales, el árbitro llama a ambos boxeadores para que se saluden. El campeón muestra una sonrisa, mientras que en la cara de Lausse se transmite seriedad.

Los griteríos del estadio se paralizan en el instante en que suena la campana, iniciando el primero de los 15 rounds de la pelea. El asalto inicial se presenta tal como los especialistas boxísticos lo habían anunciado: Robinson desplazándose a lo largo del ring, arrojadno  jabs de izquierda con directos de derecha, que entran y salen con la velocidad de un relámpago. Sin embargo, esos golpes no logran dañar a Lausse, quien mantiene en alarma  su mano zurda, la “carta ganadora”. Sin ningún otro hecho relevante, el asalto llega a su fin.

Los siguientes dos rounds se desarrollan con similares características. Robinson se mueve por todo el ring para sorprender a su rival. Sin embargo, no puede abrir la defensa de Lausse, que utiliza eficaces bloqueos, quites y rodamientos de cuello.

El cuarto round es el primer punto de impacto en este combate. El estadounidense ha bajado su ritmo y es el argentino el que ahora se dispone a atacar. En un inexplicable descuido, Robinson se ve sorprendido por un potente cross de izquierda de Lausse, que lo arroja al suelo del ring. El estadio queda sumergido en un silencio atroz. Algo shockeado por el impacto, el campeón logra ponerse de pie. En forma poco ortodoxa, va aguantando el resto de los golpes que le propicia el argentino a lo largo del asalto.

De idéntica manera, transcurren los posteriores dos rounds. Lausse, con un ritmo arrollador, intenta llevarse por delante a su rival. Por su parte, Robinson sólo se remite a esquivar, con quiebres de cintura y envolturas, los potentes envíos del contendiente argentino.

En el séptimo round, el transcurso de la pelea cambia radicalmente. Con un gran caudal de aire, el estadounidense sale a atacar a su rival con la velocidad de una locomotora. Con mucho sudor y esfuerzo, el argentino frena los golpes de su rival. Sin embargo, cuando está a punto de sonar la campana, Robinson arroja un directo de derecha a la altura del parpado izquierdo, el cual termina siendo abierto. Los asistentes del “zurdo” logran cerrar la herida. Sin embargo, a lo largo del octavo asalto el parpado comienza a hincharse y, en consecuencia,  dificultar la performance de Lausse en la pelea. Por su parte, el boxeador norteamericano busca aprovechar la dificultad que afronta su retador, aunque no conecta un golpe verdaderamente demoledor.

En los siguientes cuatro asaltos el encuentro se vuelve dramático. Ambos contendientes se muestran fatigados y extenuados. Robinson, trata de encontrar una mano que termine con este verdadero martirio. Lausse, con su ojo izquierdo prácticamente cerrado, soporta con un desgarrador sacrifico los esporádicas ataques de su rival. Asimismo, responde con su temible zurda, que poco a poco va aminorando la ofensiva del campeón. La gente ve el esfuerzo sobrehumano que ambos individuos realizan sobre el ring. Los insultos y abucheos al argentino se transforman en señales de respuesta y asombro. Cantos de aliento y reconocimiento son dirigidos para el monarca local.

Finalmente llega el decimotercer round, que quedará grabado en la historia del boxeo. En la mitad de ese asalto, ambos deportistas quedan trabados. El árbitro ordena que se separen. En ese preciso instante, los dos luchadores arrojan un cross de izquierda, que impactan en sus respectivos rostros. Ambos contendientes terminan desplomados en el suelo. El primero que pueda levantarse antes de la cuenta de diez, será el campeón mundial de peso mediano. Un estadio callado, un árbitro contando y ambos boxeadores ayudándose de las cuerdas del ring para pararse; configuran la postal de la velada. En el momento en que ambos boxeadores parecen recomponerse, Lausse termina derrumbándose al piso. Robinson logra permanecer parado y milagrosamente consigue retener su cinturón de campeón mundial. Con lágrimas de felicidad y exhausto, se dispone a levantar a su estupendo rival, que lo felicita y le levanta el brazo, reconociéndolo como el legítimo ganador del combate. Un mar de aplausos felicita la valentía y esfuerzo de estos dos “gladiadores” del ring. Robinson  revalida su condición de mítico campeón mundial. Lausse ha ganado un prestigio absoluto y, además, ha demostrado que es un púgil con serias chances en un futuro próximo de alcanzar ese título. El mundo del boxeo ha quedado fascinado con este encuentro y espera que pronto se produzca la revancha y que sea tan emocionante y dramática como la de este frío 25 de enero de 1956, que quedará grabado en la memoria de todos los amantes de este deporte.

Por Maximiliano Espejo

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