Un “pecho” inflado de triunfos

6 12 2009

La trayectoria de la sensación cordobesa

José María “Pechito” López es uno de los máximos exponentes que ha dado el automovilismo argentino en esta última década. Fanático de los “fierros” desde muy pequeño, el cordobés, que seguramente participará en la Fórmula1 a partir del año próximo, acaba de lograr el bicampeonato de TC 2000 y ahora va por las otras dos coronas de las categorías nacionales más importantes (TC y Top Race V6 ), algo que ningún piloto ha podido conseguir hasta el momento.

“Pechito”, quien heredó el apodo por su padre Osvaldo “Pecho” López, nació el 26 de abril de 1983 en la localidad cordobesa de Rio Tercero. Su pasión y afición por los autos lo llevaron a tener que viajar a Europa en 1998 a competir en Kartings con tan sólo 14 años. Tras buenas actuaciones en esa categoría, en 2001 pasó a competir en la Fórmula Renault 2000 y al año siguiente ingresó al equipo CRAM y se adjudicó el Campeonato Italiano de Fórmula Renault 2000.  

En 2003, tras lograr el Torneo de Fórmula Renault V6 Europea, el equipo Renault de Fórmula 1 lo convocó para incluirlo en un programa de desarrollo de jóvenes pilotos. Luego de buenas demostraciones, la escudería Minardi lo invitó a probar su F1 durante dos días en un circuito italiano.En 2006 dejó de formar parte del equipo de pruebas de Renault F1, luego de un exitoso andar de cuatro años. Un año más tarde regresó a la Argentina, en donde compitió por primera vez en el Turismo Competición 2000 (TC 2000) integrando el equipo Honda Racing a bordo de un Honda Civic. En 2008 López obtuvo el campeonato de esa categoría con cuatro victorias y ocho pole positions.

Para el 2010 está prevista su participación en la Fórmula 1  en el equipo USF1, que hará su debut en la máxima categoría del automovilismo mundial, lo que implica todo un desafío para “Pechito”. Ahora solo resta seguir de cerca los pasos de este piloto que dejó de ser una promesa para transformarse en una realidad.                                                                                                                                                                      

Por Pablo Maycock

 





Hernández, el mago de Los Pumas

28 11 2009

“Juan Martín Hernández es el mejor jugador del mundo”. De esta manera, Marcelo Loffreda, ex director técnico de la selección argentina de rugby, define al jugador formado en el club Deportiva Francesa. Al parecer, el entrenador no es el único que piensa así, ya que el rugbier no para de recibir elogios cada vez que pisa una cancha.

Juan Martín Hernández nació en 1982 y a los cuatro años ya jugaba con una pelota ovalada, por lo que no sorprende el nivel de juego que muestra en la actualidad. Toda su familia respira rugby y se lo inculcaron de pequeño. “Desde que mi mamá me tenía en la panza ya me paseaba por el club. Desde muy chico el rugby es parte importante de mi vida”, afirma el apertura.

Con sus 27 años, “Juani”, como le dicen sus allegados, ya cuenta con dos títulos en la liga francesa, obtenidos con el Stade Francais en 2003 y 2007, y con el tercer puesto conseguido con Los Pumas en el Mundial de Francia 2007 como logros más relevantes. Además fue considerado el mejor jugador de la liga gala en los últimos dos años.

Su velocidad mental y física, la precisión de sus patadas y el manejo del ritmo de los partidos lo convierten en un mago del rugby. Sin embargo, si bien Juan Martín es puro talento, también pone sus 188 centímetros y sus 90 kilos al servicio del equipo a la hora de rasparse. Según él, la frase que más recuerda durante los partidos es: “Las canchas no se ensucian con el sudor, se bañan con sangre”.

Stephen Jones, prestigioso periodista galés, escribe una columna de rugby en el diario inglés Times y durante el año pasado realizó un ranking de los diez mejores aperturas de la historia de este deporte. Incluyó a Hernández en el primer lugar, ya que considera que “el argentino vino de otro planeta”.

Por Pablo Gallardo





Leandro Romagnoli, un talentoso que ha retornado al barrio de Boedo

18 11 2009

 

El hábil enganche ha regresado al fútbol argentino para mostrar nuevamente su exquisitez futbolística.

El hábil volante ha vuelto de Europa para tratar de conseguir más títulos con San Lorenzo

“Soy un pibe tranquilo, responsable y de perfil bajo, con defectos y virtudes”, afirma ,en forma de presentación, el nuevo enganche de San Lorenzo Leandro Romagnoli, quien se encuentra sentado en el living de su departamento de Parque Chacabuco rodeado por la cariñosa compañía de sus dos hijas y de su esposa.

 

La infancia del “Pipi” azulgrana

“De chico era medio quilombero, me escapa de mi casa. En la escuela era  medio “vagoneta”, ya que no me gustaba ir. Igualmente, decía que quería ser abogado, pero como había que estudiar mucho y, además, fue apareciendo lo del fútbol, esa idea no prosperó. En el colegio también hacía líos y cuando estaba en el  Instituto Estrada (secundaria) me quisieron echar. Mi vieja tenía que salir a buscarme por todos lados. Con el paso del tiempo, cambié y me tranquilicé”, relata el mediocampista azulgrana nacido el 17 de marzo de 1981 en el barrio porteño de Villa Soldati. Su apodo, “Pipi, fue impuesto por su hermana Natalia, quien a los 3 años no sabía cómo llamar a su hermano Leandro y optó por ponerle ese sobrenombre.

“A los 5 años fui a jugar baby fútbol al club Franja de Oro (Pompeya). En ese lugar, apreció un técnico llamado  Clemente “Toto” Bergh, de San Lorenzo, que se llevó a cinco jugadores de distintas categorías, entre los que estaba yo”, recuerda Romagnoli, con un tono de voz nostálgico, sobre los inicios en el mundo del balompié. A los siete años arrancó en San Lorenzo y de ahí no paró hasta llegar a primera. Su mamá, Rita, era quien lo llevaba al club de sus amores, el cual se encontraba apenas a cinco cuadras de su casa. “Mi viejo (Atilio) es de Huracán y, además, jugó profesionalmente en se club. Después también lo hizo en Deportivo Morón y en Deportivo Riestra. A pesar de sus sentimientos, siempre me siguió a todos lados y nunca me exigió ser hincha del equipo del que él era”, resalta el volante de un metro setenta de estatura.

 

La primera etapa en el club de sus amores

El instante en que lo llamaron desde la Primera del equipo de Boedo significó un hecho importantísimo para Romagnoli. En ese momento se encontraba en un selectivo de Tercera. Como faltaba una fecha para que el campeonato (Apertura 1998) de Primera finalizara y muchos de los futbolistas que eran titulares ya estaban de vacaciones porque el equipo no peleaba por nada, Oscar Ruggeri, el técnico que recién había asumido, subió a muchos pibes de Tercera, entre los que estaba el talentoso enganche, para que concentraran. “Era un grupo de veinticinco jóvenes. Cuando  comunicó  que yo iba estar entre los dieciséis que iban a formar parte del partido frente a Racing, la verdad no lo podía creer. Era el último jugador que confirmó en el banco.”, rememora con una sonrisa en su rostro el flamante “10” de San Lorenzo.

El destacado nivel futbolístico que alcanzó Romagnoli le permitió esgrimirse como gran figura de su equipo. Con su importante presencia, San Lorenzo pudo alzar el campeonato Clausura 2001, la Copa Mercosur 2001 y la Sudamericana 2002. Sin embargo, la carrera de Romagnoli también tuvo momentos fatídicos, por ejemplo, las largas inactividades sufridas por las roturas, en dos oportunidades, del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha. “Las lesiones son el momento más duro en la carrera de un futbolista, sobre todo cuando estás mucho tiempo parado. Uno siempre quiere estar activo y jugando. En esos momentos, me apoyé en mi familia y mis amigos”, recuerda con tristeza Romagnoli.

 

Su paso por tierras aztecas y  portuguesas

A fines de 2004, el hábil volante decidió continuar su carrera en el Veracruz de México, junto a su señora y a su hija Martina, quien era recién nacida. “Me fui a México porque pensé que ya había cumplido un ciclo en San Lorenzo. Me costó adaptarme por la variedad de climas de cada cuidad en la que vas jugando  y porque el club en el que estaba no era competitivo. También no fue fácil acostumbrarme al picante que le ponen a las comidas”, recuerda Romagnoli sobre su estadía en el país azteca.

Luego de ese paso por suelo mexicano, el enganche se fue al Sporting de Lisboa de Portugal para continuar su carrera y poder conseguir una revancha personal, ya que no había sido buena su performance futbolística en tierras aztecas. Al principio, la situación parecía no variar, pero “la varita de las suerte” tocó nuevamente a Romagnoli y su panorama cambió. “Faltando seis meses para que el préstamo mío venciera, comencé a jugar seguido, salimos campeones de la copa de Portugal y el club decidió comprarme, firmando un contrato por tres años. A diferencia de México, la adaptación fue buena. El idioma al principio no lo entendés, pero después te acostumbras. La vida es parecida a la de acá y la comida es muy buena”, explica el tatuado futbolista, quien paradójicamente se hizo amigo en ese lugar de Leandro Grimi, un ex jugador de Huracán.

“Si bien en el exterior estuve con mis hijas y mi señora, uno extraña a los padres, a los amigos. El estar acá se anhela mucho”, destaca el hábil volante sobre su estadía en el exterior del país.

 

Las pasiones de su vida: su familia y los tatuajes.

A manera de homenaje, Romagnoli tiene tatuados en su pecho el rostro y el nombre de sus padres. Asimismo, cuenta que posee grabados en su cuerpo el nombre de sus dos hijas (Mía y Martina), el de su señora (Celeste), el de su hermana y sus sobrinos, entre otros más. “Mis tatuajes son más de veinte. Ya perdí la cuenta. Un día tengo que ponerme a contar en concreto cuántos tengo”, añade el talentoso enganche, con una soltura y tranquilidad similar a la  que suele mostrar cuando entra al campo de juego y que también evidencia cada vez que se pone a jugar al playstation 3 con un grupo de amigos.

 “Ser papá es algo que no te olvidas nunca. En el primer parto había estado presente y fue algo muy especial. El de mi segunda nena no lo presencié porque estaba concentrado (en Sporting de Lisboa). Me dejaron ir treinta minutos para que pudiera verla. Es algo hermoso. Aunque a mí me hubiese gustado tener solamente dos hijos, sería lindo poder tener un nene”, subraya el futbolista, con una cuota de esperanza en su rostro. Por otro lado, afirma durante el poco tiempo que está presente en su casa, producto de los entrenamientos y las concentraciones, trata de estar lo más que puede con nenas y su esposa. Para Romagnoli la familia ocupa el primer lugar de su vida, ya que constituye el sostén que siempre apoya, en las buenas y en las malas.

 

La charla llega a su fin y el volante se despide en el hall del edificio en que vive. Con la misma esperanza con que debutó allá por 1998, este humilde y sencillo joven nacido en Soldati  intentará guiar al club de Boedo en la búsqueda de títulos, con el apoyo fundamental de sus seres queridos, tratando de revalidar la chapa de ídolo que ya se ha ganado entre los hinchas del equipo de sus amores y, además, poder llenar de belleza al juego del fútbol local, que festeja con ansias el regreso del “Pipi” Romagnoli.

Por Maximiliano Espejo





Del Potro: “Disfruto más en la cancha de Boca que en una de tenis”

16 11 2009

Delpo, el ídolo de Tandíl

Juan Martín del Potro, también conocido con el apodo la torre de Tandil, es un jugador de tenis que en el último tiempo ha conseguido logros importantes para su carrera. Actualmente se ubica en el quinto lugar del ranking mundial con siete títulos singles y uno en dobles.

A pocos días de comenzar el Masters de Londres, el que reúne en una competencia a los ocho mejores jugadores del ranking ATP, el joven de Tandil repasó algunos acontecimientos y pensamientos de su vida. Entre ellos remarcó que lo más trascendente es nunca darse por vencido.

¿Pensabas al inicio del US. Open que en verdad podías llegar a la final? ¿Era un sueño o una posibilidad concreta?

– Sentía que estaba jugando bien, venía de ganar un torneo en la final frente a Roddick con un tenis muy bueno, por lo tanto pensaba que podía. Los Grand Slams son torneos aparte, al mejor de cinco sets, donde todo puede pasar, y bueno, además hay muchos monstruos en el circuito. La posibilidad siempre estuvo, pero no puedo negar que también era un gran sueño.

¿Pensás en repetir el título el año que viene o lo ves como algo casi imposible?

– La verdad, en estos momentos sólo pienso en lo que viene a corto plazo. Hasta el año que viene pueden pasar muchas cosas, asi que no puedo emitir una opinión exacta. Pero bueno, como en todo torneo, uno aspira a lo máximo.

¿Cúal fue tu sensación en el momento en que te cosagraste campeón? ¿Qué fue lo primero que se te vino a la mente?

– Qué sentí, la verdad hasta el día de hoy no recuerdo. Fue como un vacío en mi mente, una emoción inexplicable, no caía.

¿Sentiste que estaba todo perdido cuándo Federer te ganó el tercer set?

– En cuanto a considerar perdido el partido, nunca se me cruzó por la cabeza, ya que juego punto por punto y no lo doy por perdido hasta jugada la última pelota.

¿Cómo hay que hacer para ganarle a Roger Federer? Alguna clave.

– Que él no juegue al 100 por ciento ese día, eso es vital (Se ríe). Yo creo que lo principal es lo que nos enseñó en algunos partidos Rafael Nadal, que es perderle el respeto a una leyenda como lo es Federer. Resulta bastante difícil, pero no imposible.

¿Cuál es tu próximo objetivo que te proponés en tu carrera?

– Siempre hay objetivos. A corto plazo, lograr una buena actuación en el Masters de Londres, torneo en el cual juegan los ocho mejores del ranking mundial. Además, en mi carrera llegar a ser el número 1 del mundo, como expresé en varias oportunidades.

– ¿Cuál es el motivo que te indujo a señalar el Abierto de los Estados Unidos como tu preferido entre los torneos de esa clase?

– Desde chico me gustó jugar en canchas de cemento. En consecuencia Estados Unidos fue importante para la consolidación tenística, ya que el año pasado gané dos torneos allí, Washington y Los Ángeles. En esos torneos la gente me hizo sentir casi como local.

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El libro recomendado de la semana… “Manu, el cielo con las manos”

13 11 2009

Manu, uno de los mejores de la historia del deporte nacional.

          Manu, el cielo con las manos fue escrito por el periodista Daniel Frescó y es una biografía de Emanuel Ginóbili, el basquetbolista argentino considerado popularmente como el mejor de todos los tiempos en la historia del país. El libro fue editado en 2005 y describe la vida del protagonista desde su infancia en su Bahía Blanca natal hasta la obtención de la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.

La biografía está dividida en ocho capítulos, los cuales fueron titulados con la altura que tenía Ginóbili al comienzo de cada una de las etapas de su desarrollo físico, basquetbolístico y humano. El contenido del libro refleja el punto de vista del autor, pero no cuenta con la aprobación expresa del personaje en cuestión.

A lo largo del texto, Frescó cuenta los datos cronológicos importantes, pero  a su vez, va resaltando una serie de circunstancias, valores y actitudes que, según él, hicieron llegar al protagonista a ser lo que es hoy. Mediante una redacción sencilla, el autor logra una completa y emotiva narración del crecimiento profesional y personal del máximo ídolo de la pelota naranja.

Por Pablo Gallardo





Entrevista al candidato oficialista granate

12 11 2009

Interesante mano a mano con el directivo

 “En el 2012 sueño con tener todas las obras terminadas y con la Copa Libertadores”

Nicolás Russo, vicepresidente del Club Lanús, detalla y comenta sus proyectos como posible titular de la entidad deportiva a partir de diciembre de 2009. Por otro lado, explica el crecimiento institucional y recuerda las alegrías y angustias deportivas vividas como hincha y dirigente.

 

      Sede Social del Club Lanús, ubicada en la Avenida 9 de Julio al 1680, en la homónima ciudad del conurbano sur bonaerense. Subiendo por unas escaleras se accede al piso en donde trabajan los principales directivos de la entidad deportiva. En una de las oficinas se encuentra Nicolás Russo, vicepresidente granate. “Mi ídolo de todos los tiempos es el defensor Gabriel Schurer, quien ha sido un gran referente”, señala con una sonrisa en su rostro Russo. Enseguida se pone serio para encarar la entrevista. Rodeado por la Copa Conmebol ’96 y el trofeo Apertura ’07, los máximos logros futbolísticos conseguidos en la historia y mientras la cinta del grabador empieza a correr,  el principal candidato a dirigir la institución a partir de diciembre del 2009  accede a responder sobre proyectos futuros y  rememorar experiencias vividas como fanático y dirigente.

Muchos directivos de un equipo de fútbol han vivido historias y vivencias como hincha que han quedado grabadas en lo más profundo de su corazón. Algunas han sido alegres y otras tristes. “Haber jugado en la C fue algo terrible”, destaca Russo, quien sufrió la etapa de Lanús sumergido en la tercera categoría del fútbol argentino a fines de los ‘70.

– ¿De qué forma se hizo hincha del club Lanús?

– Del club me hice hincha desde muy chico. Mis viejos habían venido de Italia y jamás pisaron una cancha de fútbol. Fue de forma natural, ya que nadie me lo inculcó. Era el equipo de la zona y uno lo aprendió a querer.

– ¿A qué edad comenzó a ir a la cancha, es decir, a seguir al equipo?

– A los 13 años empecé a concurrir a ver los partidos. Me tocó una época difícil, cuando el club militaba por la división C y la B. Iba con amigos. Hasta los 17 años sólo concurría cuando Lanús jugaba de local.

– ¿Qué recuerdos le han quedado de esa época tan diferente a la que vive hoy Lanús?

– Fue una época muy dura. Haber jugado en la Primera C fue terrible. Al club le costó tres años reponerse de ese golpe. Había que visitar lugares que no tenían tribunas, ni vestuarios para que los jugadores pudieran bañarse. El recuerdo más doloroso de esos años fue el descenso con Villa Dálmine en el desempate por el descenso a la C (1978).

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La magia que no se olvidará jamás

10 11 2009

Guille Coria

Ahí va Guillermo Coria, el “Mago”, como se lo conoce públicamente. Entra en la cancha con su raquetero cargado sobre la espalda, su gorra blanca hacia atrás y con el conjunto deportivo adecuado para comenzar a jugar. Dueño de un porte físico increíble, de pelo semi-largo y de un caminar acelerado, ingresa en el court envuelto en una ovación por parte del público que sólo quiere verlo jugar para deleitarse con sus grandes habilidades tenísticas. La descripción no puede ser mejor. A meses de su retiro, la magia y el talento que derrochaba cada vez que tomaba una raqueta aún se extrañan.

Guillermo Sebastián Coria nació un 13 de enero de 1982 en la ciudad de Rufino, provincia de Santa Fe. Es el hijo mayor de los tres que tuvieran Oscar y Graciela, y tiene dos hermanos, Román y Federico con los cuales se lleva muy bien. “Es un tipo fenomenal, una persona bárbara en todo sentido”, comenta Federico. Su padre, quien le enseñó a jugar al tenis desde muy pequeño, señala: “Guille pasaba varias horas peloteando en el frontón y a veces se metía en una cancha para que alguien le tirara pelotitas”. “Mi papá es profesor de tenis y él me puso Guillermo por Vilas, además, me puso la raqueta como juguete desde que era chiquito”, confiesa el “Mago”, quien entre otras cosas admite tener de ídolo a Andre Agassi, el extraordinario tenista estadounidense.

A los 19 años el santafesino anhelaba un futuro lleno de logros para su carrera, al respecto declaraba: “Mis principales metas como jugador profesional, a corto plazo, son jugar la Copa Davis y finalizar esta temporada dentro de los mejores 25 tenistas del mundo”. Y agregaba: “Además me propongo ganar Roland Garros algún día    y llegar a ser número uno del mundo”.

Coria se destacó en juveniles y fue campeón de Roland Garros junior en 1999 tras vencer a David Nalbandian en la final. En 2001 sufrió una suspensión de siete meses luego de haber dado positivo con la sustancia nandrolona, tras un control antidoping en Barcelona. Se casó en 2003 con su novia de la infancia, Carla Francovigh, y estuvo a un paso de cumplir su sueño de ganar el abierto parisino entre los mayores, allá por 2004, cuando en la final del torneo perdió un partido insólito ante Gastón Gaudio. Aquella dura derrota fue un mazazo del que nunca se pudo recuperar.

El 3 de mayo de 2004 y a semanas de que hiciera su presentación en Roland Garros, Guillermo Coria logró lo que ningún otro tenista argentino, desde Vilas o Clerc, había podido conseguir hasta el momento: Ser número tres del mundo.

En total obtuvo nueve títulos en su carrera, entre ellos los Masters Series de Hamburgo en 2003 y Monte Carlo en 2004. Participó en tres ocasiones del Torneo de Maestros que se realiza todos los años y en el cual participan los ocho mejores tenistas de la temporada. Además posee un record de 218 partidos ganados y 114 perdidos en toda su carrera.

Lesiones, desconfianza y falta de motivación llevaron a Coria a tener que tomar la dura decisión de despedirse del tenis. Fue así que el 28 de abril de 2009, a los 27 años, comunicó a través de una conferencia que abandonaba definitivamente su profesión. Sus palabras fueron: “Estoy contento con todo lo que hice, pero ya no estaba disfrutando, así que de nada servía que siga”.

De este modo la magia se acababa y el mundo del tenis se despedía de uno de los jugadores más talentosos que pudo haber existido.

          Quedó a un paso de la gloria

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Era la única vez en la historia que se enfrentaban dos tenistas argentinos en la definición de un Grand Slam. Aquél fatídico, insólito e inolvidable partido para Guillermo Coria ocurrió el 6 de junio de 2004. Tras ir aventajando a su rival, Gastón Gaudio, por dos sets a cero, el santafecino perdió el control del encuentro y lo terminó perdiendo más por errores suyos que por aciertos del rival.

Coria ganaba 6-0 y 6-3 en los dos primeros parciales, pero molestias físicas, desconcentración, nervios y una levantada en el juego de Gaudio hicieron que al Mago se le escape la oportunidad de ganar por primera vez Roland Garros. Incluso tuvo dos match points en el quinto y último set pero no aprovechó las chances y lo pagó con la derrota.

Tras el partido y con sus ojos achinados por el llanto, el por entonces n° 3 del ranking mundial se acercó a brindar la conferencia de prensa para los periodistas allí presentes. En la misma declaró: “La derrota de hoy me hará más fuerte para seguir adelante, no pienso bajar los brazos”.

Por otra parte señaló que la caída le dolió muchísimo porque le había prometido a su familia, después de la suspensión por doping que sufrió en 2001, que iba a demostrarles que era un gran jugador ganando Roland Garros. Al respecto y con lágrimas en los ojos, declaró: “Me duele muchísimo haberles fallado”. Por último dejó en claro: “Voy a seguir adelante, ganando y peleándola porque tengo huevos, que nadie tenga dudas de eso”.

                                                                                                                                                                                            Pablo Maycock